Como olvidar la pesada subida del “Cerro Colorado”. Rocas, tierra, pasto seco y escarabajos, que me hacían recordar a los que se comían Timón y Pumba en la película el Rey León. Me gustaba ir buscando debajo de las piedras esos animalitos y soñaba con encontrarme una lagartija y llevármela a mi casa. Ahora el cerro, esta tapizado de casas, antes era como un desierto. Podía ver desde arriba parte de Tijuana, las casas parecían hormiguitas, y ahora me doy cuenta que esas hormigas se duplicaron o triplicaron.
El Cerro Colorado, es un gran aspecto significante para Tijuana. Tal vez no turístico, pero vale la pena conocerlo y subir hasta la cima de éste. De acuerdo a lo que nos cuentan revistas, periódicos, y en el libro más grande del mundo; el internet, nos narra que fue una de las principales referencias entre los primeros habitantes y nuevos residentes de esta ciudad.
Al este del municipio de Tijuana, se encuentra el Cerro Colorado. Donde más de 500 metros de altura son cubiertos por casas, ramas, arbustos y además esta compuesto por piedras volcánicas. En el transcurso de la historia tijuanense, el cerro ha sido nombrado de dos maneras diferentes. La primera es: El “Cerro de la Tortuga”. Esto debido que se asemeja a una tortuga gigante, desde una vista lejana, se ven que los dos cerros unidos forman esta figura. Así lo nombraron los indígenas “Kumiai” que vivían alrededor de este. El segundo nombre, es el que tiene hasta estas fechas. Se derivó de la especial coloración que posee el suelo del lugar. Es una especie de tierra color rojizo por lo que la gente le empezó a llamar Cerro Colorado. En las horas de ciertos días, que el sol toca directamente sobre el, es cuando se observa con mayor intensidad lo colorado de la tierra. Es una imagen muy agradable de ver en el cerro la luminosidad del sol.
En el siglo XIX y parte del XX, el espacio geográfico del hoy municipio de Tijuana, estaba conformado por una serie de ranchos ganaderos y agrícolas. Por lo regular cada uno de ellos pertenecía a una familia. En el caso del Cerro Colorado, éste fue propiedad de la familia García. El señor Santiago García, quien desde 1860 estuvo posesionado del predio rustico como el rancho Cerro Colorado. Tiempo después, solicitó ante el gobierno federal legalizar su terreno de 514 hectáreas. Así recibió el título de propiedad expedido por el presidente Benito Juárez García en 1863. Los García vivieron durante décadas ahí. En el siglo XX, el rancho de los García se empezaría a fraccionar para dar pie a nuevas construcciones, como casas.
Poco a poco estas construcciones fueron aumentando, y es por eso que hoy en día, a los alrededores del cerro, se ubican calles, fraccionamientos y colonias como: López portillo, Cañón de la Raza, Zona Urbana Ejido Matamoros, Mariano Matamoros Sur, Centro y Norte, Infonavit Presidentes, Infonavit Capistrano entre otras. Incluso hay dos colonias por ese rumbo que se llaman: Cerro Colorado y Cerro Colorado II.
Este es nuestro bello Colorado. Aunque ahora que lo adornan pequeñas casas de madera y letreros hechos con piedras pintadas de blanco, no se logra distinguir completamente. El gran Cerro Colorado, rodeado de miles de fraccionamientos, con un estadio de beisbol que lleva el mismo nombre del cerro, ahora tapan los recuerdos aquellos, de los ranchos, de los indígenas “Kumiai”, y de todos aquellos que les encantaba subir, hasta llegar a la cima. Se puede hacer eso aun, pero al parecer se ha perdido la gracia del Cerro Colorado. Yo no lo creo, al contrario es más interesante ir ahora, y ver que cada día Tijuana esta siendo poblado, ver el estadio de beisbol desde arriba es fascinante. Poder decir: “Oh, mira, por allá esta mi casa, para allá mi escuela, acá de este lado viven mis tíos, allá a lo lejos, a lo lejos esta la frontera”. Aquí en Tijuana esta el cerro que en ciertas horas del día se viste de rojo, otros días viste otoñal y otros donde predomina lo primaveral. Esto y más es nuestra tierra, colorada o seca, es la tierra 100% Tijuanera.
*•Griss•*